Joni Mitchell. El Costo de las Rosas.

 



No he sabido que saliera en el año recientemente concluido una edición remasterizada de For The Roses, hermoso disco que cumplió medio siglo de vida el pasado 21 de noviembre (hace solo 71 días, llegué apenas tarde al cumpleaños). No vi noticias al respecto escrutando la web, y, pensándolo bien, es probable que lo reserven para la caja Aniversario de Court And Spark que debería venir en 2024.


Entre tanto, mi indómito altruismo e irrenunciable vocación de servicio vuelven a la carga y me impelen a publicitar, en todo el alcance posible de mis cortísimos alcances, esta pieza magistral que integra el periodo más brillante en la discografía de una artista a la que no le queda nada holgado el calificativo de genial.


Roberta Joan Anderson, tal su nombre verdadero, nació en Canadá el 7 de noviembre de 1943, con mezcla de ascendencias irlandesa y noruega. Su madre era maestra y su padre, aviador militar. Enfermó de polio siendo niña. La mano izquierda debilitada por este mal la haría luego adoptar afinaciones alternativas para la guitarra que le descubrirían nuevas posibilidades armónicas (no sabiendo cómo llamar a las disonancias resultantes, se acostumbró a hablar de "acordes de interrogación", cuyas armonías tensas e irresueltas le sonaban como preguntas...). Ya desde su pubertad la atrajeron la pintura, arte que cultivaría toda su vida, y la música folk tradicional de su país. Un profesor de la secundaria, advertido de su talento poético, la alentó a escribir. Ella le dedicaría más tarde su primer disco. En su adolescencia, partió de su pueblo natal rumbo a Ontario y Toronto, persiguiendo horizontes menos perfilados de aventura que de acatamiento a un destino inexcusable. Embarazada a los 21 años (1965) por un excompañero de la escuela de arte, tuvo una hija que debió entregar en adopción y a la que consideró perdida por más de tres décadas antes de reencontrarla a fines de los noventa. Cantando por allí, en plan semiprofesional, conoció a un buscavidas del folk llamado Chuck Mitchell, que la llevó a Estados Unidos y se casó con ella en Detroit. (Joni imaginó en esa boda la oportunidad de conservar o de recobrar a su hija. Para su infinita decepción, su esposo le aclaró que no criaría a "la hija de otro"). El matrimonio formó un dúo que conoció algún éxito local, pero Chuck no estaba a la altura del talento inquieto de su esposa y cosa de año y medio después ella decidió seguir como solista. El lógico corolario fue el divorcio. Con su apellido de casada firmó sus primeras composiciones notorias, que empezaron a ser grabadas por gente como Buffy Sainte-Maire, Tom Rush y Judy Collins.


A medias establecida como autora, seguía no obstante bregando como intérprete, menudeando escenarios de cafés. Una noche, cantaba en algún club de Florida cuando cayó por ahí David Crosby, jerarca del flower power y legatario sin título del aminorado prócer folk-pop Papa John Phillips y de su antorcha ya extinta. El sujeto se maravilló, embelesó y prendó de la sensacional rubia, quien además de formidable artista era, no sé si lo destaqué antes, sumamente bella. David comprendió en el acto que la chica merecía un contrato discográfico, así que le consiguió sello y mánager y la llevó a un estudio para hacerle grabar un disco de folk limpio, sin doblajes ni orquestaciones, del cual él se acreditó como "productor", aunque en realidad no hizo más que sentar a la artista ante un micrófono, con las manos en la guitarra o el piano (ella tocaba con gran solvencia y musicalidad ambos instrumentos, además del dulcimer que aparecería posteriormente), y permitir que la magia fluyera.


Así fue como Joni se incorporó a la flor y nata de la escena folk yanqui, rodeada de variopintos talentos, algunos estimables -Neil Young, Stephen Stills- y otros no tanto -prescindamos de los nombres-, pero ninguno dotado ni por aproximación de méritos suficientes como para permitirse afinarle una viola. Ella salió, se acostó o tonteó con unos cuantos de ellos. Su relación más duradera de esos tiempos -los años 68 a 70-  fue con Graham Nash, quien de este modo se halló tan próximo al genio creativo como nunca antes ni después en su vida. El don no le duró mucho. Previsiblemente, Joan se aburrió de él y lo dejó al cabo de unos meses para emprender un extenso viaje de introspección y experiencia por Europa. Él le había pedido matrimonio. Recibió la respuesta en una carta que ella le mandó desde alguna playa griega: "Cuanto más quieres apretar en tu mano el puñado de arena, más se te escurre entre los dedos"...


Joni y Graham con algo de frío


A su vuelta, nuestra heroína anduvo, y se enrolló fuerte, con James Taylor. Cantó segunda voz en el superéxito de él, You've Got A Friend, de 1971. Mientras la carrera de Taylor despegaba y generaba ventas descomunales, Joni se abocaba a componer y publicar obras maestras. Su extraordinario álbum Blue, de aquel año, inauguró una fabulosa racha que se prolongó por la mayor parte de la década y abarcó seis o siete álbumes brillantes seguidos. (Blue ocupa, a la fecha, el número 3 en el inefable listado de los "500 Mejores Álbumes de Todos los Tiempos" que periódicamente nos infiere la revisteja Rolling Stone). De pronto, la relación entre los amantes se tornó conflictiva. Se me hace improbable que Joni envidiara el éxito comercial de James, ya que ella a su vez vendía bastante bien por esos días; una hipótesis más sólida diría que a él, en cambio, se le hacía cuesta arriba su propio estrellato y que la evidente superioridad artística de su pareja tampoco lo ayudaba. Sin hablar de sus problemas con las drogas duras y de otras puerilidades que no vale la pena detallar. A fines del 71, Taylor dejaría a Joan por Carly Simon, persona y cantante que por lo visto se acomodaba mejor a sus luces y ambiciones. Si me detengo tanto en esta relación es porque las canciones que integraron el LP For The Roses surgieron en buena medida de estos lances, trances y percances amorosos, y de las reflexiones, consecuentemente desencantadas, que inspiraron en su autora.


Joni y James


El año 1972 fue duro para Joni: algo en el contraste entre la aclamación universal por su monumental Blue y la caída de su intenso romance con Taylor (y de otro amorío, más extemporáneo y menos importante, con Jackson Browne), desencadenó, a lo que parece, un cúmulo de dudas y temores emocionales y artísticos que la indujeron a recluirse, durante buena parte del año, en una vivienda casi rural, sin gas ni electricidad,  de la Columbia Británica canadiense. Si hubiera de diagnosticarse su estado anímico de esa etapa, se hablaría quizá de depresión. Ella misma lo describió como "exilio melancólico". Solo que, mientras atravesaba este espeso Aqueronte, produjo el manojo de deslumbrantes composiciones que nos ocupa.


La "Carrera por las Rosas" (Run For The Roses) es el Derby de Kentucky, una de las tres principales carreras de caballos que se corren cada año en Estados Unidos. Se proclama al ganador colocándole una voluminosa guirnalda de rosas rojas. El nombre derivó en un uso figurado, con el sentido de perseguir un gran éxito o de afrontar retos muy exigentes. Joni lo vinculó a una necesidad personal de suspender las demandas de su creciente celebridad, que juzgaba tan incierta como la del corcel al que coronan con las flores pero luego, un día, cuando ya no sirve o se lesiona, "le pegan un tiro". También, de otro lado, a su constante lucha interior por su "dualidad entre lo espiritual y lo sensual" y a su intento de hacer que lo espiritual prevaleciera, "al menos por un rato".

Caballo rubio cubierto de rosas


Ubicado entre sus dos obras magnas -a saber, Blue y Court And Spark (1974)-, este magnífico álbum, el quinto de su discografía, sufrió durante años un indefinido desdén de críticos y fans, justamente por ese lugar de presunta meseta entre una cumbre y otra. Sin embargo, su tan exacto emplazamiento en el centro del periodo que constituyó la cúspide en la carrera de Joni no es casualidad. For The Roses refleja, justamente, la transición musical desde el folk semidesnudo y unipersonal de Blue (cuya tónica confesional conserva y prolonga en diversos pasajes) a la plena riqueza y variedad en arreglos, voces y timbres que exhibirá Court And Spark, donde ya es continua la presencia de una banda de jazz-rock, la L. A. Express, y el consiguiente empuje a la "fusión" que desembocará en colaboraciones posteriores con Charles Mingus, Jaco Pastorius y Herbie Hancock. No siendo mi intención la de jugar al crítico o cultivar esa absurda actividad que llaman "apreciación musical", me limito a observar que el único lunar de For The Roses, supuesto que le atribuyamos alguno, estriba en la singular complejidad de sus canciones, tanto en lo lírico como en lo armónico-melódico, muy notoria al compararlo con los álbumes más sintéticos, accesibles y "perfectos" que lo rodean. Pero abordado sin prisa, dejándolo crecer y entrar en confianza, For The Roses llega a pagar tan cabalmente como sus vecinas glorias que gozan de mayor notoriedad.

Por tanto, en demorado homenaje a su 50º Aniversario, que desde luego no hemos visto a nadie celebrar en ningún otro lado, quiero recomendar esta excelsa muestra de genio artístico original y genuino. Sin perjuicio de exhortar a la no menos indispensable escucha de los otros dos discos que nombré. A los cuales habría que añadir, como mínimo, The Hissing Of The Summer Lawns de 1975 y Hejira de 1976.




En este punto podría largarme a enumerar otros mil atributos admirables de esta fabulosa artista. Pero no hay prisa: presiento que volveré a escribir sobre ella en más de una ocasión.





P. S.: Como hice antes con Dozier, aquí dejo el nombre de otro blog que proveerá de útil información adicional...  (vigente al 31 de enero de 2023)

ankharadescargas.blogspot.com/2018/10/joni-mitchell-for-roses-320.html





P. S. 2: Acabo de saber que David Crosby murió hace pocos días (19 de enero). Sufría unos cuantos problemas de salud, empeorados por décadas de alcoholismo y adicciones diversas. Llegó a cumplir 81 años; decía haber durado más de lo que las circunstancias autorizaban a pronosticar. Que estas líneas acerca de su amiga Joni, con quien también estuvo brevemente en pareja allá por 1968, sirvan al mismo tiempo para honrar su memoria. 


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